Jesucristo, mi amigo

Jesucristo, mi amigo

Escrito por: Rolf Berge | Lugar: Linnenbach, Alemania | Publicado: martes, 12 de junio de 2012

Cuando Rolf Berge tenía 11 años dio su corazón a Jesús. Hoy tiene más de 70, y escribe que nunca se ha arrepentido de haber elegido a Jesucristo como su amigo personal.

Todos necesitamos un amigo o varios amigos, a alguien que me entienda y que se preocupe por mí y esté presto para apoyarme. No significa que siempre tenga que estar de acuerdo conmigo, porque quizás él sabe mejor que yo qué es lo mejor para mí. Sin embargo, es entonces y sólo entonces, que su cuidado y sincero consejo me pueden ayudar.

Jesucristo ha sido mi amigo,  mi hermano y salvador desde la niñez. Cuando tenía 11 años fui a una conferencia de niños, fue entonces que sentí una poderosa atracción hacia Jesús, y me convertí consciente y de todo corazón. Esta decisión me dio gozo en mi corazón, y quise confesar el nombre de Jesús y compartir la felicidad recibida. Sentí que así podía confirmar mi decisión, y esta vida, podía ser por lo tanto, una vida real con Jesús. Fue así que reuní todo mi coraje y le pregunté a mamá tan pronto cuando llegué a casa: «¿Mamá, sabes por qué estoy tan feliz?» «No» dijo ella. «Sí, porque me he convertido» le dije lo más rápido y claro que pude. Mi madre se alegró de todo lo que le contaba, y me dijo: «¡Ora también por mí!» Y tanto ella como mi padre se convirtieron al tiempo después.

«Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.» (Juan 15, 14))

Esta alegría interior hizo que también sintiera la necesidad de contarlo a otras personas, por ejemplo en la escuela, acerca de mi nueva vida con Jesucristo. Los pocos comentarios burlones que escuché cuando lo hice no tuvieron ningún efecto, ya que Jesús se había apoderado de mi corazón, a pesar de ser muy joven; mi vida de pronto tenía un significado y dirección. Me sentí muy seguro, y estaba plenamente convencido que con los temerosos de Dios iría bien. A medida que avanzaba el tiempo de mi juventud quería tener la compañía y los amigos que también eran amigos de Jesús. A pesar de tener una buena relación con mis compañeros en la escuela y posteriormente con mis colegas en el trabajo, había una amistad especial con la gente que Jesús describe en Juan 15, 14: «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.»  

En las pequeñas y grandes pruebas y elecciones de la vida, siempre he experimentado que Jesús ha estado ahí para ayudarme, y ha sabido con certeza qué es lo mejor para mí´. Asimismo, he aprendido que poner mi oído atento a sus palabras e inclinar mi corazón bajo su voluntad, trae paz y alegría en abundancia. Haber puesto mi fe en Él ha hecho mi vida rica en contenido y significado, pues en todo lo que se cruza en mi camino puedo oír las palabras de Jesús y su invitación: «¡Venid a mí, y aprended de mí!» (Mateo 11, 28-30), y la obediencia hacia la fe, me ha hecho una persona feliz y agradecido.