La duda atacó a la chica equivocada

La duda atacó a la chica equivocada

Escrito por: Naomi van Oord | Publicado: martes, 06 de septiembre de 2016

A pesar de haber crecido como cristiana, y haber vivido una vida buena y recta, Naomi llegó a un punto en el que sintió que algo no estaba bien; algo faltaba. Se dio cuenta que la duda acerca de cómo podía llegar a ser como Jesús era lo que la estaba reteniendo.

Naomi:

Estaba sentada en la reunión con lágrimas en los ojos. Desde el púlpito escuchaba un poderoso mensaje sobre victoria sobre el pecado, sobre una vida en transformación. (2 Corintios 5,17) Tales mensajes solían animarme, sin embargo en el último tiempo habían empezado a ser una carga; se habían convertido más bien en algo donde debía ir a dar cuentas. Lo más difícil era sin duda que sentía que había vivido una vida buena, y siempre había sido creyente. Creía que lo había dado todo, sin embargo igual sentía claramente que algo faltaba. Sentía que jamás podría llegar a la misma vida que Jesús vivió, que no podría ser transformada de mi naturaleza humana a la naturaleza divina, a pesar que la Biblia dice claramente que es posible.

Sin embargo, seguía teniendo la convicción de que lo quería, ¡y tenía fe que este era el plan de Dios para mí! No había ninguna otra cosa en la vida que quería más que vivir la vida de un discípulo, seguir las pisadas de Jesús y vencer la tentación a pecar. Fue una tristeza darme cuenta que no tenía fe para mí misma, y sabía que la vida estaba pasando por mi lado sin utilizarla como debía. Esto fue muy estresante para mí.

Llamando al enemigo por su nombre

Así que no me di por vencida. Le pedí a Dios que me mostrara lo que me faltaba. Me dio luz que la razón de por qué todo parecía tan pesado era porque dudaba que Dios pudiera ser capaz de hacer una obra en mi vida, allí donde yo estaba, con la vida cotidiana y la naturaleza humana que tenía. ¡Y fue claro para mí que dudar en Él es en realidad un pecado! El día que nombré mi duda por pecado fue el día que supe que podía vencerlo, del mismo modo que podía vencer cualquier otro pecado. ¡Esto fue realmente liberador! Fue como si las luces se encendieran nuevamente. 

El día que nombré mi duda por pecado fue el día que supe que podía vencerlo, del mismo modo que podía vencer cualquier otro pecado.

Para empezar no sabía cómo iba a hacer frente a la tentación de dudar – ¿por dónde iba a empezar? Llegué a darme cuenta que ser libre de la duda no era algo por una única vez, sino una lucha que podía tomar cada vez que era tentada a dudar. Era una decisión que debía tomar cada día: Creer que podía ser transformada.

La respuesta fue mucho más simple de lo que pensé primero. Dios no necesita nada de mí, pero debo decidirme y creer que Dios puede hacer su obra en mí. Lo que Dios me pide es confiar plenamente en Él y creer que me dará todo el poder que necesito. Si no creo esto, Él no puede obrar en mí. «Pero sin fe es imposible agradar a Dios.» Hebreos 11,6.

Mis sentimientos no tienen nada que decir

Así que dejé de esperar de «sentir» que creería. Me decidí por creer. Mi lema será «Ora, cree y da gracias.» Ahora despierto por la mañana, oro, tengo fe que Dios me ha escuchado, y le doy gracias. Entonces empiezo el día en fe que será un día de victoria sobre el pecado. La oración de mi corazón es: «¡Creo!; ¡ayuda mi incredulidad!» Marcos 9,24. ¡Y Dios realmente me ha ayudado! Y me ha ayudado aún más en la lucha contra la incredulidad dándome la fuerza para vencer cuando oro por ayuda.

Tan pronto tuve fe que podía llegar a ser como Jesús, mis ojos se abrieron a todas las oportunidades que en realidad se encuentran en mi vida diaria.

Y desde el momento que elegí creer, ¡he visto cuánta transformación ha habido en mi vida cotidiana! Mientras que antes los días hubieran pasado simplemente de largo, tan pronto tuve fe que podía llegar a ser como Jesús, mis ojos se abrieron a todas las oportunidades que en realidad se encuentran en mi vida diaria.

El tiempo es ahora

La carga y la pesadez, la incertidumbre y la complejidad que antes estaban allí ahora no tienen más poder sobre mi vida. Y el resultado es que cada vez soy más feliz. Así sé que esto es verdad. Sucede algo en mí. En realidad es una vida muy simple. Uno no tiene que sentir que lo quiere, simplemente tiene que actuar. Sólo tienes que tomar cada momento. Ser fiel en las pequeñas cosas que Dios te da en las situaciones de la vida cotidiana. Sólo tienes que estar dispuesto a hacer lo que Dios provee delante de ti. Cómo lo tomo cuando vienen las pruebas grandes tiene que ver con cómo lo tomo ahora. Toda nuestra vida es una acumulación de muchos «ahora». Comienza a creer ahora. Comienza a decir no al pecado ahora. No necesitas esperar nada.

En realidad es una vida muy simple. Uno no tiene que sentir que lo quiere, simplemente tiene que actuar.

Cada vez que digo no a la duda, destruyo una parte de mi natural tendencia humana a la duda. Y esa parte es llevada a la muerte por siempre. Pienso en esto como una montaña, que estoy minando poco a poco. Quizás no veo cada excavación que hago, pero ahí es donde entra la fe. Tengo fe en que si simplemente sigo excavando, entonces la montaña un día desaparecerá. Es sólo cuestión de tiempo.

«¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con aclamaciones de: ¡Gracia, gracia a ella!» Zacarías 4,7.

Una decisión a diario

Así que ahora tomo diariamente la decisión que no voy a dudar. Y a pesar que siento la duda, esto no quiere decir que estoy dudando. Significa que estoy siendo tentada a dudar, pero no estoy de acuerdo con esto. Digo: «No, no quiero dudar; tengo fe, y voy a luchar de todas formas, independiente de cómo me sienta.» Entonces voy a través del día y soy obediente con lo que Dios obra en mí que haga. Vivo mi vida en conformidad con su palabra.

¡Entonces el futuro simplemente puede llegar! Todo lo que viene es solamente una nueva oportunidad para mí.

«Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.» Filipenses 1,6.