Luchando por mi eternidad

Luchando por mi eternidad

Escrito por: Kathryn Albig | Publicado: jueves, 15 de enero de 2015

¿Por qué es tan importante no dejar vivo un pequeño pensamiento, cuando sé que no es correcto?

En el Cantar de los Cantares 2:15 está escrito, «Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas.» Tengo una promesa de una eternidad por la cual vale la pena luchar, y esos pequeños pensamientos son como «zorras pequeñas» que pueden echar a perder todo.

El pensamiento surgió en mi mente espontáneamente. No era un pensamiento noble y puro (Filipenses 4: 8). No era un pensamiento que yo elegiría pensar. Sin embargo, estaba tan cansado. Sentí realmente que no tenía la energía para negarlo esta vez. Yo fui realmente tentado a dejarlo pasar. Tuve que tomar una batalla consciente para decir «¡No! ¡No debo permitir que este pecado viva!»

Tuve que tomar una batalla consciente para decir «¡No! ¡No debo permitir que este pecado viva!»

Le pedí a Dios que me fortaleciera para estar firme en la tentación, y pensé en versículos de la Biblia donde está escrito sobre lo que tengo hacer con este tipo de pensamientos. Aunque estaba muy tentado a permitir que este pensamiento viva, no me rendí. Obtuve victoria en esa batalla, y Satanás recibió un golpe.

¿Por qué debo luchar contra el pecado?

Entonces me vino un pensamiento, «¿Por qué realmente no tengo que ceder cuando soy tentado a un pensamiento como éste? ¿Es realmente pecado?» Yo sé que pecar es hacer lo que yo de antemano sé que es contra la Palabra y la voluntad de Dios. La Biblia también nos dice que tomemos cautivo todo pensamiento. (2 Corintios 10: 5) Así que sé que pecar, en realidad, comienza en mis pensamientos; no es sólo la manifestación externa lo que es pecado. Pero tal vez en el fondo de mi mente sigo preguntando, «¿Qué daño podría realmente hacer de todos modos? No es tan malo. No va a tener ningún impacto en nadie, nadie lo sabrá.»

Sé que pecar, en realidad, comienza en mis pensamientos; no es sólo la manifestación externa lo que es pecado.

Pero entonces, pienso en mi Esposo celestial; la verdadera razón por la que debe morir todo el pecado que surge en mis pensamientos. Él vivió aquí en la tierra y fue tentado en todo al igual que yo, ¡pero sin pecado! (Hebreos 4, 15-16) Y porque Él lo hizo para mí, me dejó huellas que puedo seguir. «Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado...» (1 Pedro 2,21-22) Ésta es la razón por la que tengo que llevar todos estos pensamientos a la muerte; nada puede recibir permiso de vivir. Después de todo lo que Él ha hecho por mí, esto es lo que tengo que hacer para ser agradable y digno de un tal novio.

Yo vivo para la eternidad

Aunque estoy aquí en la tierra, yo vivo para la eternidad. Cómo voy a pasar a la eternidad, depende completamente de como he vivido aquí en la tierra. En Mateo 7,21 Jesús dice: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos En la vida eterna no hay lugar para ningún pecado.

Es esto por lo que realmente lucho: mi llamado eterno con Jesucristo.

Y pueda o no verlo en el momento de la tentación, ceder al pecado, no importa lo pequeño y escondido que esté, siempre tendrá malos resultados. «Porque la paga del pecado es muerte (Romanos 6,23) No es que Dios quiera que yo padezca; o quiera que yo no disfrute. En realidad, vencer el pecado, es lo mejor para mí en todos los sentidos. Yo experimento los resultados ya aquí en la tierra, y por toda la eternidad. El resto del versículo continúa diciendo: «más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro

Es esto por lo que realmente lucho: mi llamado eterno con Jesucristo, mi novio eterno. Yo quiero ser una novia sin mancha ni arruga, digno/a de Él. Es un llamado increíble. No se encuentra nada en la tierra por lo que valga la pena perder este llamado. Independientemente de cómo me siento, yo voy a renunciar a mis propios pensamientos y voluntad, y sólo ser obediente a lo que Dios habla en mi corazón.