Mis reacciones

Mis reacciones

Escrito por: William Bettridge | Publicado: lunes, 14 de abril de 2014

Es fácil decir que el día depende de lo que te sucede. Pero en realidad esto no es cierto. Tus reacciones determinan tu felicidad, y con la ayuda de Dios puedes aprender a reaccionar en todas las cosas de buena manera.

Estrés. Volver a casa a exceso de velocidad, meter las últimas cosas a la maleta, engullirse un poco de comida... Se supone que no es así como debiera comenzar un viaje. Salto al auto y conduzco los 10 minutos hasta el autobús. Todo el resto ya está ahí. Perfecto. Nuevamente llego tarde.

En el autobús todo el mundo charla en voz alta, felices y emocionados por el viaje. En cambio yo estoy sólo cansado. Respondo irritado una pregunta estúpida. Me arrepiento al instante. ¿Por qué tengo siempre que reaccionar de manera negativa?

Trato de estar tranquilo en mi asiento, pero la emoción en el bus es contagiosa. Olvido mi irritación, y rápidamente estoy riendo y bromeando con los demás. «¡Esto va a ser un viaje increíble!»le digo a uno de los muchachos. Horas más tarde llegamos a la localidad enclavada entre las montañas cerca de Princeton, BC. 

Tuvimos que madrugar. Está bien para mí. De todos modos no pude dormir más. El hielo nos llama. Hockey. Jugamos duro. Algunos incluso juegan sin patines. Me río de ellos deslizándose por todo el hielo. «¿Qué están haciendo?» pienso. Me sorprendo a mí mismo de  esto: Nuevamente estoy orgulloso. Porque yo tengo patines. 

Las cosas que este mundo tiene para ofrecer, todos mis anhelos y deseos – mis mismas reacciones naturales – todo tiene una alegría efímera.

Ya son las once y todo el mundo se dirige a la sala de reuniones. Nos hemos reunido para hablar de la palabra de Dios. Uno de los responsables de los jóvenes, Gershon Twilley, habla de nuestro tiempo de juventud, y cómo este es la base de toda nuestra vida. Las cosas que este mundo tiene para ofrecer, todos mis anhelos y deseos – mis mismas reacciones naturales – todo tiene una alegría efímera. Sé que lo que está diciendo es cierto. Cuando me alteré durante el viaje, se sintió bien ponerlos en su lugar. Pero luego me sentí culpable. Había arruinado algo. Herido nuestra amistad. ¿La buena sensación que tuve al gritarles? Cinco minutos después ya lo había olvidado. Todo eso para nada.

Él usa la palabra «deseos». Su pensamiento es más de lo que significa ésta palabra. Cosas como la impaciencia, la ira, el orgullo, los celos; son también deseos. Y debido a que los deseos son parte de mi naturaleza humana, crean reacciones en mí. Las reacciones son de una manera satisfactorias en el momento, pero al igual que con mi amigo en el autobús, me dejan exactamente donde empecé. Vacío. Triste. Realmente quiero detener este círculo, pero ¿Cómo?

Gershon dice algo que no me esperaba exactamente. «Los que reconocen a Dios lo miserable que son, son bendecidos» ¿Qué quiere decir? Pienso en las reacciones. Cómo éstas vienen tan de repente, antes de darme tiempo para pensar. Cuán negativo es el impacto en los que me rodean. Lo malo que estas reacciones son en realidad. No es fácil admitir que soy la causa de mi propia miseria. Me gustaría decir que es culpa de los demás. Pero si soy sincero, ¿qué más da lo que hicieron? No puedo controlar sus reacciones, ¡pero algo puedo hacer con las propias!

Jeg kan ikke kontrollere deres reaksjoner, men noe kan gjøres med mine egne!

Gershon lee en la Biblia. Hebreos 12, verso 11, «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.» ¡Así puedo aprender de mis errores! Puedo verme sinceramente a mí mismo y darme cuenta dónde me equivoqué. Y, si me niego y lucho contra aquellas tendencias que están en mi naturaleza humana, entonces podré vencerlas. El resultado es que soy justo. Libre del sentimiento de culpa después de una mala reacción. Duele admitir que hice algo mal. Pero en última instancia, es mucho más doloroso si tengo que seguir haciendo las cosas mal una y otra vez.

¡Los que se avergüenzan del pecado llegarán a un desarrollo fantástico! ¡Eso es lo que yo quiero! ¡No enojarme más! ¡Jamás ser impaciente! ¡Cuando admito y me avergüenzo de estas cosas, recibo gracia para trabajar y deshacerme de todo esto! Puedo ser un maestro en cubrir mi pecado, pero todavía sigue allí. ¡Quiero ser libre de él! ¡Lejos! ¡Así que  no tengo nada de qué avergonzarme!

Pero Gershon dice algo más. «Nadie que ha llegado a una vida de victoria sobre el pecado lo ha hecho en su propio poder.» Sé lo que quiere decir. Pienso en cuántas veces he tratado de detener mis reacciones con mi propia fuerza de voluntad, sin éxito. Sin orar a Dios por ayuda las reacciones llegan más rápido que mi capacidad para detenerme. ¡Pero con su ayuda puedo vencerlas, antes que estas me derroten a mí! 

Miro a mí alrededor. Ellos también luchan contra el pecado en su naturaleza para ser libres y poder amar y servir a Dios. Cuando algo no sale como lo esperaban no tratan sólo de ocultar sus reacciones. Ellos trabajan para hacerlas desaparecer. Piden ayuda. Reciben victoria. Me alegro por el futuro, ¡y por la oportunidad que tengo de llegar a una nueva vida!