No sólo, pero igualmente solitario

No sólo, pero igualmente solitario

Escrito por: Brian Janz | Publicado: jueves, 12 de marzo de 2015

Tengo amigos en los seis continentes, colegas que son más cercanos que mi propia familia, y suficientes seguidores en las redes sociales como para formar un pequeño ejército. Pero me siento tan solo como un erizo en una tienda de globos.

No sé por qué. No sé cómo. Me siento simplemente solo. Pasado por alto. Como si todos fueran mejores amigos entre sí de lo que son conmigo. Como si lo pasaran mejor entre sí. Como si en realidad no perteneciera a este círculo o conversación. Como si estuviera en una longitud de onda totalmente diferente.

Por un momento quisiera evitar este sentimiento con la seguridad de que fui popular. Que la gente realmente quería estar conmigo. Que realmente era una parte importante del grupo como los demás. Pero sabía que si incluso todo esto era cierto, como a menudo fue, no ayudaba mucho contra el hecho de que simplemente me sentía solo. Y nuevamente me quedaba con una extraña e irrazonable soledad que no puedo explicar o de la cual no puedo deshacerme.

Así que lucho contra ello. Y mi guerra contra la soledad se lleva a cabo en tres frentes.

Negar al acusador

Lo primero que tuve que darme cuenta fue que los pensamientos de que yo no encajaba con los demás, o que no era parte de lo que estaba pasando, eran mentiras de Satanás para mantenerme lejos de la hermandad.

Quizás hay algo de verdad en esto; quizás realmente estoy un poco fuera, pero Satanás nunca dice toda la verdad, y jamás ha sido la voluntad de Dios que estemos solos.

Satanás nunca dice toda la verdad, y jamás ha sido la voluntad de Dios que estemos solos.

La Palabra de Dios me asegura que soy amado. Está escrito que yo y con los que me reúno fuimos escogidos antes de la fundación del mundo. (Efesios 1, 4) Para cada mentira que trae Satanás puedo aferrarme a la Palabra de Dios y creer que su voluntad no es que debo sentirme solo. Dios me va a ayudar.

Y tal vez lo más importante es que está escrito que «si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros.» 1 Juan 1,7. Independiente de con qué mentira viene Satanás, sé que la Biblia es verdad. Si ando en la luz, tengo comunión con mis hermanos.

Creer en Dios

«Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.» Josué 1, 5-6

Dios es bueno. Y nunca estoy solo. Hay innumerables versos acerca de su amor. Él es fiel. Él me ama. Él siempre está ahí para mí, aunque sienta que no tengo a nadie más.

Creer esto puede ser una gran lucha. Por supuesto Satanás trata de hacer todo lo posible para conseguir que dude que Dios está presente. Pero solamente son más de sus mentiras. La Palabra de Dios es verdad. A menudo, cuando estoy en medio de un grupo de amigos siendo golpeado con olas de soledad, oro a Dios con todo mi corazón.

Y Él me escucha.

Algunas veces Dios extiende su mano y quita los sentimientos de soledad completamente. Me deja sentir el calor y el amor del cuerpo de Cristo directamente. Pero a menudo manifiesta su ayuda con la fuerza que necesito para luchar. Para luchar contra los pensamientos, las mentiras y los sentimientos que surgen.

Tener a Dios allí para recibir consuelo y ser guiado cuando mis sentimientos prueban convencerme que nadie más lo hará, es una ayuda que no se puede medir.

La oración. Es una acción simple. Pero algo que a menudo se pasa por alto. Tener a Dios allí para recibir consuelo y ser guiado cuando mis sentimientos prueban convencerme que nadie más lo hará, es una ayuda que no se puede medir.

Ser parte del cuerpo de Cristo

Dios tenía un propósito cuando creó el cuerpo de Cristo. Quería que las personas estuvieran juntas, tuvieran hermandad y comunión entre sí.

«Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.» Hebreos 10,24-25

Todos peleamos la misma batalla. Todos luchamos contra el pecado.

No puedo dejar que los sentimientos me prohíban de la hermandad. Lo que frecuentemente más me ayuda cuando me siento solitario es juntarme con otros cristianos y hablar de la palabra de Dios. Cuando escucho hablar sobre la lucha contra el pecado que llevan mis hermanos, entonces me doy cuenta que en realidad no somos tan diferentes, a pesar de nuestras diferencias. Todos peleamos la misma batalla. Todos luchamos contra el pecado.

En la hermandad vemos que de ningún modo estamos solos.

El golpe final contra este enemigo es estar junto a otros cristianos. Realmente aprender a amar a mis hermanos en Cristo. (Juan 15,13) Ésta es la clave.

Así que en lugar de enfocarnos en si encajo o qué tan igual o aceptado soy, puedo dar mi vida y enfocarme en los demás.

En la hermandad vemos que de ningún modo estamos solos.

Y es tan sencillo como enviar un mensaje de texto a alguien y desearle un día victorioso. O bien ofrecerse para lavar la loza. Llevar a alguien a almorzar. Orar por la gente. Orar con la gente. Hay muchas cosas, grandes y pequeñas, que puedo hacer para dar mi vida por mis hermanos.

Dar mi vida también significa luchar contra los malos entendidos, la duda, críticas y otros pensamientos negativos que Satanás quiere que me crea. Debo luchar para resistir estos pensamientos, pero si anhelo tener comunión con los demás, entonces estoy feliz de hacerlo.

Cuando todo mi enfoque es qué puedo hacer por los demás, entonces los pensamientos de soledad se encojen y desaparecen. Entonces tengo victoria, y soy parte de la hermandad.

Y nunca estoy solo.

El premio de la victoria

Quiero ser parte del cuerpo de Cristo en la eternidad, rodeado de mis hermanos y hermanas, que han luchado contra el pecado por su lugar en el cielo.

Todavía soy atacado por pensamientos con los cuales Satanás trata de tentarme. Pero lucho contra él. Lucho para revelar sus mentiras, para mantenerme cerca de Dios y enfocarme en lo que puedo hacer por los demás.

Y cada día que lucho me acerco más a Dios. Soy más unido con el cuerpo de Cristo. Y estos sentimientos de soledad que en un momento fueron tan abrumadores e interminablemente difíciles, han sido ligeramente más débiles.

Quiero ser parte del cuerpo de Cristo en la eternidad, rodeado de mis hermanos y hermanas, que han luchado contra el pecado por su lugar en el cielo. Esto no es soledad. Esto es hermandad. Y esta eternidad comienza hoy.