Planes para el futuro

Planes para el futuro

Escrito por: Judith Grimes | Lugar: Oslo/Follo, Noruega | Publicado: sábado, 28 de febrero de 2009

–¿Cómo ves tu futuro? ¿Has planificado tu vida?
Estamos sentadas en un café, ella y yo, y dudo en contestar

Al otro lado de la calle veo a un anciano andrajoso que está sentado en la acera frente a la panadería. Junto a él hay tiradas unas botellas vacías. Él mira al vacío sin ninguna expresión. Pero ella continua: «Tenemos que pensar sobre lo que queremos lograr. En primer lugar esta nuestra carrera, pero también tenemos que pensar en nuestra vida personal.» Ella mueve el café. «Algún día también habrá niños en la foto.»

Ella me mira desafiante: «¿No tienes ningún plan? ¿Cómo va a ser tu vida dentro de diez años?» Yo tomo un trozo de mi pastel para ganar tiempo antes de contestar. «Me gusta la idea de mirar hacia el futuro», empiezo. Ella sonríe entusiasta. ¿Con qué palabras puedo expresar lo que pienso? ¿Logrará ella entenderme? Respiro profundo y digo: «Yo tengo algunos planes, pero primeramente quiero descubrir la voluntad de Dios para mi vida.»

«Por eso no puedo responder en forma concreta a tus preguntas. Pero sé que voy a ser feliz.» La duda empieza a surgir en su mirada. «¿Cómo estás tan segura de eso?» Mi voz se torna firme: «Yo creo que Dios me mostrará el camino correcto y me ayudará en mis decisiones. Y sea lo que sea que traiga la vida –  ahora no puedo saber lo que vendrá – me voy a aferrar a sus manos.» Ella me mira escéptica. «¿Y qué pasa si las cosas igual resultan mal?»

Mi mirada se cruza otra vez con el anciano de afuera, mientras pienso en otros ancianos que yo conozco. Personas felices y temerosas de Dios llenas de sabiduría y con una vida llena de contenido. «Las cosas no irán mal», le digo con certeza. «Cuando con sencillez confío en Dios, Él no permitirá que otros puedan señalarme y decir: ¡Ja, ja, mira cuan mal le ha ido, ella que confiaba en Dios! No, Dios tiene todo el poder en el cielo y la tierra. Él nunca decepciona a aquellos que confían en Él.»

Hay completo silencio, ella me mira un poco sorprendida. Pero creo que ha comprendido lo que yo quería decir.

Siento un profundo agradecimiento y gozo mientras estoy sentada ahí, y seguimos hablando de nuestras vidas y otros temas de interés. Es una alegría poder confiar en Dios - que es mi seguro de vida y mi consejero - y que tuve la oportunidad de contarle a ella acerca de esto.

No sé si ella desea confiar en Dios también, pero cuando más tarde nos despedimos, me da un gran abrazo y dice: «¡Ya me alegro de ver cómo será tu vida en diez años más!»

Cuando abrí la Biblia esa tarde, mis ojos cayeron en Jeremías 29:11: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.