Por eso decidí ser un discípulo

Por eso decidí ser un discípulo

Escrito por: C. Turner | Publicado: jueves, 10 de diciembre de 2015

Un discípulo es alguien que siempre y en cada situación de la vida opta por hacer la voluntad de Dios, en lugar de su propia voluntad. (Lucas 25:33)

Jesús dijo:«Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Lucas 22:42. ¿Elegirías una vida así? Tú solo puedes responderte, sin embargo esta es la razón de por qué lo hice. Por eso decidí ser un discípulo

El primer paso 

Cuando era más joven fui de viaje un fin de semana con el grupo de niños en mi iglesia local. Jugamos fútbol e hicimos fogatas, y por las noches escuchamos historias de la Biblia.

El día sábado por la noche nos sentamos en círculo y escuchamos a uno de los líderes hablar sobre vivir por Jesús. Luego preguntaron si alguno de nosotros quería decir algo. Un amigo un par de años mayor que yo se levantó de un salto, pero en lugar de decir algo, pidió que oraran por él.

No diría que era un discípulo, pero había puesto la primera piedra en el fundamento de una vida cristiana.

Después de él otros hicieron lo mismo, y uno tras otro pidió oración. Rápidamente se convirtió en una reunión de oración.

Yo no estaba tan seguro de qué se trataba, pero sentí que era una oportunidad especial que no podía dejar pasar. Le pregunté a uno de los líderes si podía orar conmigo: «Por favor, ayúdame a vivir para Jesús, por ahora no entiendo mucho, pero ayúdame a hacer esto cuando lo entienda.» No diría que era un discípulo, pero había puesto la primera piedra en el fundamento de una vida cristiana. Desde la primera piedra, esa decisión firme, nunca se ha movido o modificado, y esto tiene un significado eterno.

Entonces crecí...

Siendo adolescente me di cuenta que no era tan «bueno» como habría pensado. Rápidamente perdía los estribos, era increíblemente arrogante y comencé a ser un matón.

Creía que mis pecados habían sido perdonados, pero como adolescente hacía cosas que eran indignantes para las personas a mí alrededor, y era atormentado por pensamientos impuros de los cuales me avergonzaba. Esto me hizo enojar. No quería pecar, sin embargo sentía que no podía ayudarme a mi mismo. Formé un rencor personal contra Satanás porque hacía y pensaba cosas que después me arrepentía. Entonces decidí que independiente de lo que haya sucedido nunca más haría o dejaría que mis pensamientos fueran en una dirección que conscientemente sabía estaba mal. Esta fue casi mi propia forma de vengarme de Satanás.

Entonces decidí que independiente de lo que haya sucedido nunca más haría o dejaría que mis pensamientos fueran en una dirección que conscientemente sabía estaba mal.

Recuerdo claramente que esta decisión me dio una tremenda e inesperada sensación de paz. Sin embargo, sucedió que seguí haciendo cosas de las cuales después me arrepentía, pero no me sentía condenado ni aislado de Dios. A cambio sentía una tristeza que me conducía más cerca de Dios. (2 Corintios 7,11) Creo que había tropezado con uno de los misterios más grandes del Evangelio: «Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.» Romanos 7:20. «Yo» quería algo diferente al «pecado que mora en mí».

Oré fervientemente para que pudiera ser libre del pecado que encontraba en mí mismo. Me sentía particularmente atado por los pensamientos impuros, en parte porque la diferencia entre la tentación y el pecado no era tan clara en mis pensamientos. Pero poco a poco, llegué a creer que era posible llegar a la victoria sobre algunos pecados que moraban dentro de mí.

Una gran decisión

Cuando tenía unos quince años fui a una conferencia de jóvenes cristiana en Somerset, Inglaterra. Había experimentado un poco lo que significaba tener victoria sobre el pecado en una cierta área, pero anhelaba más. Cuando escuché los mensajes en la conferencia recibí fe que a través de la obediencia al Espíritu era posible llegar a una vida de completa victoria sobre el pecado. No todo el pecado que vive en mí a la vez, pero paso a paso a medida que las tentaciones vinieran y el pecado me fuera manifiesto. Victoria sobre el pecado del cual ya era consciente, pero también sobre el pecado que moraba en mí y del cual todavía no era consciente, pero que sabía que Jesús me revelaría cuando siguiera sus pasos. Llegué a la fe que si me entregaba completamente a Dios en todas las circunstancias para hacer su voluntad, entonces llegaría a una vida de victoria sobre cada tentación maligna. (2 Corintios 2:14)

«Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.» Si elijo la voluntad de Dios en el momento de la tentación en lugar de mi propia voluntad, entonces ¿no es esto una verdad? «Yo» (mi propia voluntad) ya no vive más.

Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.» Lucas 9,23. Esta «cruz cada día» es donde todos esos deseos de pecado son negadas y pueden ser llevados «a la muerte» antes de caer en pecado. Pablo lo explica así: «Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.» Gálatas 5,24.

El verso que guardé conmigo ese fin de semana fue: «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.» Gálatas 2,20.

«Con Cristo estoy juntamente crucificado...» Por fe muero juntamente con Jesús. No una muerte física, pero muero al pecado.

«Y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí.» Si elijo la voluntad de Dios en el momento de la tentación en lugar de mi propia voluntad, entonces ¿no es esto una verdad? «Yo» (mi propia voluntad) ya no vive más. A cambio vive Cristo en mí. Mis tendencias pecaminosas naturales no reciben espacio para crecer o desarrollarse. He elegido la voluntad de Dios y morir al pecado. Este fue el testimonio de Pablo y ahora sería también mí testimonio.

Por eso soy un discípulo

No se sentía como que el pecado fuera algo que quería hacer, pero tenía que renunciar a todo si quería ser un discípulo. ¡No, un anhelo de ser libre del pecado fue la razón por la que me convertí en un discípulo! Me di cuenta que mi «propia voluntad», mis anhelos, pasiones y deseos estaban corrompidos y que ceder a ellos sería una pérdida eterna tanto para mí como para las personas a mí alrededor. Es por eso que todos los días, en cada situación de la vida donde encuentro algo de mi propia voluntad egoísta, elijo hacer la voluntad de Dios en lugar de la mía.

... vi una oportunidad gloriosa para ser completamente libre del pecado en el transcurso de mi vida, y a esto me aferré con las dos manos.

Hay muchas cosas de las que me alegro, como por ejemplo la vida eterna, conocer a Jesús y la comunión con los santos. Pero para mí, la razón por la que estaba dispuesto a renunciar plenamente a mi propia voluntad en todos los aspectos de la vida, fue porque vi una oportunidad gloriosa para ser completamente libre del pecado en el transcurso de mi vida, y a esto me aferré con las dos manos.