¿Por qué hacer sólo cosas buenas necesariamente no agrada a Dios?

¿Por qué hacer sólo cosas buenas necesariamente no agrada a Dios?

Escrito por: Hannah Turner | Publicado: lunes, 15 de junio de 2015

La verdad detrás de la forma que deberíamos servir.

Recientemente tuve la oportunidad de ayudar con un trabajo en nuestra iglesia local. Soy discapacitada y por eso hay muchas cosas que no puedo hacer, así que encontrar una tarea que pueda hacer, y contribuir a la obra de Dios y que los demás se sientan bien fue algo especial y verdaderamente me sentí feliz de hacerlo.

Al menos así fue al principio. Cuando comencé a trabajar la gente no reaccionó de la manera que yo quería, y todo tomó más tiempo y más energía de lo que había esperado.

El resultado fue naturalmente estrés. Me frustré porque las deficiencias de los demás me impedían hacer un buen trabajo.

Sabía que esta frustración, esta impaciencia, no estaba bien. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer?

¿Qué otra cosa podía hacer?

Sabía que esta frustración, esta impaciencia, no estaba bien. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Pensaba. Quizás los demás estaban muy ocupados, quizás tenían mucho trabajo, quizás había buenas razones. Con esta lógica cierta calma regresó. Pero en realidad no resolvió la situación; era sólo ponerle una tapa a la situación, lista para hervir de nuevo con el siguiente factor de estrés – la siguiente vez las cosas no salieron según mi plan.

Estaba trabajando con mi hermano menor en el proyecto. Crecimos juntos y sé sus debilidades casi tan bien como las mías. Sé que también se frustra como yo cuando los demás no hacen lo que se necesita.

Pero no vi esta frustración mientras trabajábamos. No vi ninguna irritación ni impaciencia. Al contrario, veía paz. No una paz de "retroceder y no hacer nada", pero una paz activa que hacía las cosas sin molestia. El efecto de su actitud era mucho mejor que el mío. Ningún sabor a frustración. Ninguna exigencia o presión sobre los demás. Sólo hacer el trabajo de la mejor forma.

Pero no vi esta frustración mientras trabajábamos. No vi ninguna irritación ni impaciencia.

Pensé en Colosenses 3,23 al verlo: «Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres

Hacer las cosas de una forma que agrada a Dios

Eso hacía mi hermano pequeño. Aunque trabajábamos exactamente con la misma tarea, yo sólo trataba de completarla. Pero su enfoque era hacerlo de una manera que agradara a Dios. No elegía estar de acuerdo con los pensamientos de irritación, sino ser paciente. No elegía seguir sus inclinaciones naturales para fastidiar a los demás y decirles que no lo estaban haciendo lo suficientemente bien. A cambio, hablaba con respeto y agradecimiento. Se aseguraba que su comportamiento fuera recto delante de Dios y todo lo demás caía en su lugar.

Una tarea realizada con frustración e impaciencia no puede agradar a Dios.

Completar la tarea a tiempo sería agradar a la gente – y muchos de ellos ni siquiera sabrían lo impaciente que había estado. Pero una tarea realizada con frustración e impaciencia no puede agradar a Dios.

Fueron mis exigencias, mi orgullo y mi deseo de ser reconocida lo que causó mi malestar. El problema no fueron «los demás». Es verdad que «los demás» me dieron la oportunidad de irritarme y frustrarme, pero dependía de mí lo que hacía con esa oportunidad.

Puedo elegir renunciar a mi forma egoísta de pensar y a cambio elegir seguir a Jesús – cambiar mi actitud, de modo que lo que hago no es sólo bueno por fuera, sino que verdaderamente agrada a Dios.

¿Es realmente posible? Absolutamente. Lo sé porque lo he visto en mi hermano menor.

Y por la gracia de Dios también será una realidad en mi vida.