Preocupado por nada, preocupado por todo

Preocupado por nada, preocupado por todo

Escrito por: Brian Janz con Jonatan Lauridsen | Publicado: martes, 10 de febrero de 2015

Jonatan ha tenido una vida bastante buena sin mucho de qué preocuparse. Pero al mismo tiempo ha tenido que luchar con pensamientos de ansiedad casi desde que tiene memoria.

¿Encajo bien con los demás? ¿Soy normal? ¿Las personas cuando me ven creen que soy normal?

Por mucho tiempo fui plagado por la ansiedad, y estos pensamientos me mantuvieron completamente prisionero. Todo tipo de pensamientos.

Sé que todos se preocupan, pero mi vida ha tenido mucho de esto. Desde mi juventud comencé a pensar en el futuro, lo que iba a pasar, ¿seré feo cuando más viejo? Constantemente uno se preocupa de lo que los demás piensan y dicen a espaldas de uno. Si soy extraño o anormal o lo que sea.

Todo comienza de nuevo, y nunca termina.

Y si estoy preocupado por una cosa trato de consolarme a mí mismo diciendo que una vez que pase, entonces podré descansar. No necesito estar afligido. Sin embargo termino de hacer esto, y otra cosa surge. Todo comienza de nuevo, y nunca termina. Sólo gira en un gran círculo.

Es posible ser libre

Estos pensamientos no eran lógicos en absoluto. Quizás eran incluso un poco estúpidos, pero así pensaba, y así era casi cada día. Tenía estos pensamientos casi todos los días. Era plagado todo el tiempo.

Desde mi juventud he sabido que la Palabra de Dios dice que no debemos estar ansiosos, pero ha sido difícil encontrar la manera.

Por mucho tiempo no hice nada al respecto, en absoluto. Había escuchado que somos llamados a batallar contra nuestro pecado, pero no era capaz de combatir con nada en mi vida en ese tiempo. Cada día simplemente deambulaba preocupado por todo. Y sabía que esto era una carga enorme, pero no hacía nada al respecto.

Y entonces desperté en cierto modo y pensé: Esto realmente puede suceder. Esto es real.

Entonces recuerdo que un día una chica en nuestra iglesia dijo con toda honestidad que había comenzado una lucha contra los pensamientos de ansiedad. Y entonces desperté en cierto modo y pensé: Esto realmente puede suceder. Esto es real. Desde ese día he luchado. Ese día supe que era posible ser libre.

Todas las cosas ayudan a bien

Me ha ayudado pensar en el verso en Romanos 8,28: «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» Así que independiente de lo que pase sé que es la voluntad de Dios y que Él cuida que todas las cosas ayuden para mí bien.

Uno simplemente debe llegar a una fe sencilla. Si uno comienza a dudar de este verso en una situación difícil y piensa: Esto es terrible, esto apesta, no hay manera que llegue a ser bueno para mí, entonces uno tiene que desechar estos pensamientos y solamente tener una fe sencilla que realmente es el mejor. Elijo creer, aunque no lo veo en el acto: que cada situación ayuda para mí bien.

Y a menudo lo que esto significa es que justamente me doy cuenta que he pecado en mi carne. Quizás estoy pasando un día muy duro, pero esto me ayuda a darme cuenta que realmente soy impaciente o que juzgo a los demás o lo que sea. Quizás fui orgulloso. Y cuando veo este pecado entonces puedo recibir victoria sobre él y recibir más salvación. Así es como Dios hace que la situación ayude para mí bien.

Hacer morir la ansiedad

Sé que mientras más lucho contra estos pensamientos, menos soy plagado por ellos.

Cuando los pensamientos de ansiedad surgen entonces los puedo negar. Digo 'no' a estos pensamientos, y recuerdo que Dios hace que todas las cosas sean para mí bien. Cuando no dejo que estos pensamientos vivan, entonces los llevo a la muerte.

Cuando llevo a la muerte mis pensamientos llevo de hecho una pequeña parte de mi carne pecaminosa a la muerte. Sé que mientras más lucho contra estos pensamientos, menos soy plagado por ellos. Mi esperanza  es que en el futuro habré vencido por completo, y nunca más seré tentado a la ansiedad.

Ya se ha producido una gran diferencia en mi vida. Antes solamente deambulaba como un esclavo de las preocupaciones y la ansiedad. Fue difícil para mí para ser feliz, pero ahora tengo alegría en mi corazón. Una increíble y pura alegría.

Y no es como esa alegría fugaz de antes. Esa era una alegría pasajera, basada en sentimientos y si ese día ocasionalmente sentía menos preocupaciones. Pero esta es una alegría con contenido, porque he luchado por ella, y por la cual sigo luchando.

Esta lucha me brinda una alegría completamente pura y duradera. Esta era la verdadera alegría que me hacía falta. Pero hoy la tengo. Y cada día más.