¿Realmente tiene importancia

¿Realmente tiene importancia

Escrito por: Anita Clausen | Publicado: martes, 09 de diciembre de 2014

¡Verde, amarillo, rojo! Freno de golpe – seguramente fue demasiado optimista tratar de alcanzar el semáforo, aunque admito que es tentador pasar en rojo.

De hecho no había ningún automóvil, por lo que probablemente no hubiera pasado nada. Y seguramente tampoco pasa nada si rompo las reglas una única vez ¿verdad? Pienso, no es algo que estoy pensando hacer un hábito de aquí en adelante...

El semáforo – esos poco y decisivos segundos donde debo decidir

Aun así, sé que no es correcto. El ejemplo del semáforo me recuerda aquellas decisiones que tengo que tomar cada vez que soy tentada a pecar. Quizás tentada a decir algo negativo sobre otros, mentir o simplemente hacer lo que yo quiero. Tengo unos pocos segundos para tomar una decisión, pero independiente de la decisión igualmente habrá consecuencias. Seguramente no veré las consecuencias de inmediato, pero si dentro de un tiempo.

Independiente de la decisión igualmente habrá consecuencias.

Pienso en algo que mi hermana mencionó hace unas semanas: «Debo buscar gracia acercándome al trono de la gracia cuando soy tentada, antes que cometo pecado, ya que ahí no encuentro alguien que me acusa, sino uno que se compadece de mis debilidades. ¡Y aquí recibo fuerza para vencer!» - fuerza para vencer, pienso. ¿Si el trono de la gracia es el lugar al que me dirijo cuando oro a Dios, porque necesito ayuda en el momento de la tentación, quizás también es donde encuentro el poder que me permite hacer esto y no pecar? Vencer significa en la realidad que hago lo contrario a lo que quiero. Mi propia voluntad. Pero, ¿cómo logro esto? ¿Es posible en la práctica evitar por completo pecar?

¡Sí! Porque en el momento que soy tentado aún no he pecado. Todavía tengo unos pocos y decisivos segundos donde puedo actuar y salir victorioso de la tentación.

Pero, ¿es realmente tan peligroso?

Realmente no sé por qué es tan fácil ceder. Lo primero que uno piensa es: ¿Qué pasa si no lo tomo con tanta seriedad sólo por esta vez? Quiero decir, es realmente tan peligroso, de todas maneras pensaba vencer de aquí en adelante... Pero sí, ¡es peligroso!

Si no lo tomo con seriedad desde mi juventud, muy pronto una cosa da lugar a otra. Permitiéndome a mí mismo más y más y continuando trivializando las cosas pequeñas hasta que finalmente llego al punto en que no tengo ni idea de cómo llegué allí.

El dicho dice que la vida es corta – y es demasiado corta para no sacrificar mi propia voluntad en cada situación.

Como joven hay muchas cosas que uno quiere tener, cosas que a uno le gustaría tratar de alcanzar antes de envejecer. El dicho dice que la vida es corta – y es demasiado corta para no sacrificar mi propia voluntad en cada situación. Quién sabe, tal vez precisamente esa situación en la que pienso, «Voy a vencer la próxima vez», era justamente la situación en la que por fin tenía la posibilidad de ser libre de algo con lo cual había luchado por mucho tiempo. Cada tentación es una oportunidad de oro para vencer. Cada situación es calculada por Dios, hecha a mí medida, para que pueda ser cada vez más libre de hacer mi propia voluntad, y por el contrario hacer lo que Dios quiere que haga.

¡Todas las situaciones son una posibilidad para hacer la voluntad de Dios!

Un ciclista pasa de largo y toca mi hombro y rápidamente vuelvo al semáforo. En realidad no sé cuánto tiempo estuve allí parada y pensando, un poco embarazoso pienso, pero igualmente no puedo evitar sonreír por mí misma: ahora entiendo lo decisivo que es, la forma que elijo vivir mi vida de juventud. ¿Quién iba a pensar que incluso las situaciones más pequeñas son una posibilidad para hacer la voluntad de Dios? Vale la pena ser completamente fiel, incluso cuando nadie me ve.

Si desde mi juventud me doy cuenta que cada situación es de Dios entonces la vida se vuelve interesante. Entonces me gozo de cada tentación que enfrento.

Me subo a mi bicicleta y cruzo la calle, decidida a hacer uso de las oportunidades que recibiré hoy para vencer en las tentaciones. Mi hermana  mencionó algo al final con lo que estoy muy de acuerdo: «Con el poder que recibo en el trono de la gracia, realmente puedo vivir y gobernar sobre el pecado durante todo el día, con el cuerpo que he recibido de Dios. ¡Piensa qué grande es esto!»