Una cuestión de tiempo

Una cuestión de tiempo

Escrito por: Karen-Birgitte Larsen | Publicado: jueves, 07 de agosto de 2014

«No entiendo qué se hace el tiempo, ya no tengo tiempo para nada más», pienso. Con letra bien pequeña logro anotar mis planes para la semana. Apenas hay espacio para todos en las diferentes fechas de la agenda.

¡Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto! 1 Corintios 7,29.

Cuando miro la semana que pasó, no hay duda que el tiempo ha pasado rápido. Cada día sucede algo. Tengo mis actividades diarias, y los días pasan volando.

El problema no es hacer alcanzar el tiempo. Lo difícil es utilizarlo conforme a la voluntad de Dios.
 

En medio de mi ajetreado día, hay muchas cosas buenas que también me gustaría hacer por las personas que me rodean. Hay gente que no he invitado hace mucho tiempo, a hermanos que no he ayudado hace mucho tiempo, y personas mayores por las cuales me gustaría hacer algo. ¿Por qué es tan difícil hacer alcanzar el tiempo?

¿Cuál es la voluntad de Dios?

Está escrito en Efesios 2,10, Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

El problema no es hacer alcanzar el tiempo. Lo difícil es utilizarlo conforme a la voluntad de Dios. Es fácil perderse en los pensamientos y planes acerca de lo que pretendo hacer en los próximos días y semanas. Me estreso con todas aquellas buenas obras que quiero hacer. Sin embargo, ¿soy salvo por medio de estas buenas obras? ¿Son estas obras físicas en lo que consiste la voluntad de Dios?

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe, dice Pablo un poco antes en el capítulo (verso 8-9). No necesariamente son estas obras físicas las que Dios prepara para mí.

Él prepara todo de antemano para que pueda lograr algo en mí, en cada situación de la vida. Ahí es donde está mi salvación.

¿Tengo fe para ver la voluntad de Dios en mi vida diaria? Puedo pensar de nuevo en una tarde que estuve cuidando unos niños. Para mí es fácil pensar que he hecho una buena obra, pero ¿encontré las obras preparadas de antemano esa noche? ¿De qué sirve si llevo regalos a los niños y he planeado una gran noche, si al mismo tiempo puedo ceder ante la impaciencia o irritación en esa situación? ¿No es a esto exactamente lo que Dios quiere que ponga fin?

¿Exige Él algo más de mí?

El interés de Dios es que me transforme. Él prepara todo de antemano para que pueda lograr algo en mí, en cada situación de la vida. Ahí es donde está mi salvación. Al escuchar la voz de Dios, y siendo obediente en lugar de hacer mi propia voluntad, puedo recibir paz, reposo, gozo y satisfacción.

En la Biblia se nos aconseja buscar la santidad. (Hebreos 12,14). ¿Hay algo más santo o útil y valioso que yo pueda hacer, que tomar una determinación con el pecado que mora en mí? ¿Exige Dios algo más de mí?

Entonces, al menos ya no es tan difícil hacer alcanzar el tiempo. Se trata de utilizar el tiempo para hacer la voluntad de Dios – mi santificación.