Una pesadez amenazó con dominarme

Una pesadez amenazó con dominarme

Escrito por: Laura Kloosterman | Publicado: jueves, 19 de abril de 2012

Recuerdo claramente lo que pensé hace algunos años: «Me pregunto; ¿cómo reaccionaría si alguno de mis más cercanos muriera? ¿Me desplomaría por completo, sin ser capaz de manejarlo?»

Mi día comenzó como cualquier otro día – fue difícil levantarse y oré a Dios que me diera fuerza. Las mañanas nunca han sido mi momento favorito del día.

Llegué temprano al trabajo y el teléfono comenzó a sonar. Lo contesto y me asusto al escuchar la voz tensa de mamá al otro extremo. Sabía con seguridad que algo malo había sucedido. Mis pensamientos volaron. Me quede helada cuando escuche sus palabras: «No logro despertar a tu padre. Esta muy tranquilo...»

Recuerdo claramente lo que pensé hace algunos años: «Me pregunto; ¿cómo reaccionaría si alguno de mis más cercanos muriera? ¿Me desplomaría por completo, sin ser capaz de manejarlo?» Recuerdo haber visto a otras personas atravesar por este proceso de duelo y dolor de perder a un ser querido. Según mi percepción la mayoría era rodeada por la tristeza, y un dolor difícil de superar. 

Tenía miedo de lo desconocido, de cómo reaccionaría si algo así me sucediera

Tenía miedo de lo desconocido, de cómo reaccionaría si algo así me sucediera. O aun peor – ¿quién sería aquel que «perdería»? Todo lo que sabía era que si sucedía, no quería que esa pesadez viniera sobre mi vida.

Ahora me encuentro justamente en esta situación, ocurrió lo inesperado. Ver a papá allí acostado, fue terminante.

El dolor de perder a alguien cercano es concreto y real. Algo que de ninguna manera se puede negar. Se siente como si un cuchillo atravesara tu corazón y te doliera al respirar, especialmente al principio. Noté que un espíritu de pesadez vino sobre mí y amenazó con dominarme. 

¡Es una elección!

Ha pasado un año y aun no puedo comprender que papá se ha ido. Sin embargo, todo este tiempo ha habido una lucha, ¡lucha que por la gracia de Dios y su Palabra he ganado! ¡Puedo dar testimonio que este espíritu de pesadez no existe en mi vida! ¿Por qué? ¡Porque entendí que hay una elección! Puedo elegir que esta pesadez no penetre en mi corazón y destruya mi vida. ¡Puedo elegir creer en la palabra de Dios!

Unos meses después de la partida de papá, mi madre compartió unos versos de Isaías 61, 1-3 conmigo:

«El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.»

¡Qué cambio! ¡Vestidos con manto de alegría en lugar del espíritu angustiado! «Vestir» significa que uno se pone algo encima, algo con lo cual se cubre, algo que lo rodea. Esto hace fluir agradecimiento de mi corazón en lugar de auto-compasión, soledad y la constante pena de la persona que se ha ido.

Desde el día que papá se marchó he tenido un anhelo, un profundo deseo de lo eterno y celestial.

¡Alabo a Dios por el padre que me dio y por los años que pasamos juntos! No tengo duda de dónde está, a menudo pienso cómo será allí arriba. El cielo me parece ahora mucho más cerca, no tan temible e interminable. Desde el día que papá se marchó he tenido un anhelo, un profundo deseo de lo eterno y celestial. Se ha despertado un interés por ese mundo invisible que hay en mí, y un mayor entendimiento de que el tiempo es corto.

Como cristiana siempre he comprendido que el cielo y la eternidad son algo maravilloso, ¡algo por lo cual podemos alegrarnos! También he comprendido que la manera en que vivo mi vida terrenal determina mi eternidad. Esto me ha motivado a tomar las decisiones correctas cada día, para así poder volver a ver a papá nuevamente.

Esto me ha motivado a tomar las decisiones correctas cada día, para así poder volver a ver a papá nuevamente.

Aunque la separación por la muerte no es una cosa agradable para los que se quedan, lo cierto es que es sólo temporal. ¡Yo todavía tengo la oportunidad de seguir viviendo! También tengo una batalla que pelear, ¡y papá está «alentándome» allá arriba! ¿Por qué no vivo para bendecir y hacer el bien a otros? ¿No sería esta una buena forma de ocupar el tiempo que Dios nos ha dado? ¡La vida es un regalo!

Cuando pienso en el día que recibí esa horrible noticia por teléfono, también recuerdo que tengo una elección. Puedo elegir vivir, y quiero vivir una vida plena. ¡El espíritu de pesadez ha sido desterrado de mi corazón y mente para siempre!