Usando el calor como una herramienta

Usando el calor como una herramienta

Escrito por: Helen Baltzersen | Publicado: martes, 21 de octubre de 2014

La frustración e irritación son algo común en el lugar de trabajo, sin embargo las situaciones pueden enfrentarse de diferentes maneras.

«¡No puede ser posible! ¿Es eso tan difícil de hacer? ¡A trabajar!» Todavía no pronunciaba ninguna de estas palabras, pero sentía que estaba a punto. La irritación y molestia hervían por dentro y casi no podía contenerme. Habíamos acordado con tiempo que mi colega iría a buscar unos utensilios necesarios para un paciente que estaba acostado en la cama esperando – ¡y todavía estaba sentada mirando la computadora, perdiendo el tiempo!

De pronto, un pequeño pensamiento – una imagen – me vino al pensamiento: uno puede atravesar el hielo de dos maneras. Puedo cavar y cruzarlo, o bien puedo calentarlo hasta derretirlo.

Puedo cavar y cruzarlo, o bien puedo calentarlo hasta derretirlo.

Me retorcía en la silla. ¡No es momento para que haga eso! ¡Tengo todo el derecho de decirle que ya es suficiente! Sabía que estas palabras “cavadoras” comenzarían a brotar. Entonces imaginé una superficie de hielo que alguien cavaba por el medio. Podía ver que el hielo estaba lleno de "heridas", astillas y cantos irregulares, con fragmentos de hielo esparcidos por todo el camino. ¿Se sentiría así mi colega sí simplemente "cavaba un camino" con todos mis buenos argumentos, diciéndole que había llegado al límite?

¿Quizás no había sido lo suficientemente clara en mi pedido? Ciertamente no era un asunto de vida o muerte que debía hacer de inmediato. ¿Es quizás más útil el método del calor, tanto para mi colega, el paciente y, por supuesto, para mí misma? Pero, ¿cómo? Pensé. No era tan fácil girar mis pensamientos en la dirección opuesta. ¿Cómo podía realmente ayudar a mi colega, en lugar de tener el efecto contrario? Me detuve y pensé en ello una vez más. Me imaginé cómo se habría visto la superficie de hielo si la hubieran derretido con calor: una superficie lisa y plana, sin cantos irregulares y fragmentos de hielo por todas partes. Hmm. ¿Podía valer la pena tomarse un tiempo extra?

¿Cómo podía realmente ayudar a mi colega, en lugar de tener el efecto contrario?

Decidí tomar esta analogía lo más literalmente posible, y busqué una taza de café caliente con la cual me acerqué a ella. «¿Todo bien?», le pregunte lo más natural posible. «¡Oh, gracias! Sí, uff, discúlpame por no haber hecho todavía lo que me pediste, pero tenía que comprobar unas muestras de sangre y un par de cosas más primero. ¡Muchas gracias por la atención y paciencia! ¡Siempre es muy agradable trabajar contigo!» El hielo se había derretido. Y justo a mi lado, por no decirlo menos.

«Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición. Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala» 1 Pedro 3, 8-11