La doctrina que lleva a libertad del pecado

La doctrina que lleva a libertad del pecado

Escrito por: Ruben Ellefsen | Publicado: jueves, 08 de agosto de 2013

¿¡Una vida sin pecado!? Todos los cristianos, y seguramente muchas otras personas, estarían de acuerdo en que sin pecado el mundo seria un lugar considerablemente mejor. Sin embargo, cuando se trata de encontrar una manera de salir personalmente del pecado, hay muchos menos de acuerdo. Y si preguntamos a la gente si creen que este camino es posible, temo que muy pocos afirmarían tener la solución.

En una pequeña isla en el archipiélago noruego, conocí este verano a algunos jóvenes que pueden testificar sobre esta vida. Fue en el encuentro de hermanos de Brunstad la Iglesia Cristiana (BCC).

«Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.» Romanos 6,17-18

Estos dos simples versos, que fueron centrales en la reunión de ese día, especifican el estado deseado de ser «libertados del pecado» conjuntamente en contexto con la condición para obtener esto que es «la obediencia a la forma de doctrina». Entones, ¿en que consiste exactamente esta forma de doctrina?

Nos podemos hacer una idea de la esencia de la doctrina cuando leemos al principio del mismo capítulo: «… ¿Seguiremos pecando, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?» Por lo tanto, «morir al pecado» es fundamental. Esto mismo lo volvemos a ver si leemos a continuación en el verso 11: «Así también ustedes, considérense muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.»

«Muertos al pecado pero vivos para Dios» como forma de doctrina – suena bien y muy cristiano, pero, ¿cómo llevo una tal vida a la práctica? Le pregunté a tres jóvenes sobre la diferencia que produce esto en su vida cotidiana:

William Bernhardsen (32), Bergen, Noruega
– ¬El hecho de poder considerarme muerto al pecado y vivo para Dios en mi diario vivir significa todo para mí. Por ejemplo, puedo estar en alguna situación donde soy tentado a sospechar por algún comentario que alguien hizo. Las reacciones que se levantan dentro de mí, me impiden vivir de lo forma que Dios quiere, lo que es mi mayor anhelo. Por eso hago frente y odio esta tendencia maligna a sospechar, la cual se encuentra en mi naturaleza. Así que en lugar de dejar que las tentaciones se desarrollen en pensamientos, palabras o acciones, me considero completamente muerto al pecado, pero vivo para Dios, orando a Dios por sabiduría – y Espíritu de revelación para poder ver cómo puedo andar en buenas obras, que han sido preparadas para mí en esa situación (Efesios 2,10). Entonces recibo victoria sobre el pecado y puedo vivir la vida que Dios quiere que viva.
- De este modo las situaciones que vienen a mi vida sencillamente me hacen ver más el mal que hay en mi naturaleza humana. De esta manera Dios me hace más humilde frente a mis propios ojos, y se produce una humillación de mi fuerza humana; es decir; mis «habilidades y conocimiento». Pero al mismo tiempo sucede algo extraño: Me fortalezco a través de la fe en Él. Y viene paz, gozo, y reposo en las situaciones.

Kenneth Vedvik (32), Tønsberg, Noruega
– Esto me ayuda en todas las situaciones, en el trabajo, en la familia, en todo. Considerarse como muerto al pecado es la solución cuando siento que estoy llegando a mis límites. Por ejemplo es muy fácil decir las cosas de una manera dura. Allí puedo considerarme como muerto al pecado negando aquellas tendencias que se encuentran en mi naturaleza, y por el contrario como vivo para Dios siendo bueno y diciendo las cosas de buena manera. Y siempre donde hay algo para humillarse hay también una ganancia que podemos obtener: Un gozo inmediato en el corazón; paz, alegría y agradecimiento por las situaciones, justamente como Dios lo ha dispuesto para mí.

Geir Eriksen (30), Eiker, Noruega
– En mi diario vivir, esta forma de doctrina significa que puedo hacer algo con aquellas tendencias malas que siento en mi interior, y que la vida de Jesús se puede manifestar en lo que hago. Por ejemplo, pensar bien de los demás es una buena manera de considerarse como vivo para Dios. Orar por ellos cuando están en diferentes situaciones. Entonces veo también mis propios desafíos en la proporción adecuada, y que a menudo no son tan grandes como pensé en un principio.

Me llama la atención que estos tres han probado y experimentado que este camino que conduce a una vida sin pecado realmente funciona. Al mismo tiempo comprendo que el éxito o el fracaso para este caminante dependen de su disposición para tomar decisiones que duelen y transgreden la propia sabiduría, y si realmente quieren aceptar la invitación de Jesús en Mateo 19,20 de ser perfectos.

«Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eternal.» Romanos 6,22

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