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«Abundancia de la gracia» – ¿para que?

Escrito por: Tom Harris | Lugar: Sydney, Australia | Publicado: martes, 21 de septiembre de 2010

Como pecadores podemos recibir la abundancia de la gracia para el perdón de pecados, pero más que esto: -¡Una abundancia de la gracia que nos lleva a una vida en victoria, para que podamos reinar en vida!

Pablo escribe en Romanos 5,17: ...mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. No podemos decir que reinamos en vida cuando nos enojamos, juzgamos o impacientamos, a pesar que tenemos el perdón de pecados. Pablo continúa en 6,14: Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. Cuando somos juzgados – aunque no lo deseemos – se pone en evidencia que el pecado tiene dominio sobre nosotros.

El don de la justicia

Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Romanos 6, 6-7. Es nuestro viejo hombre – con una mente atada a los deseos de la carne – el que está bajo la esclavitud del pecado..

Podemos leer acerca del don de la justicia que recibimos a través de la abundancia de la gracia en Hebreos 2,14. Jesús recibió parte de nuestra misma carne, y a través de la muerte destruyó al que tenía el imperio de la muerte, es decir al diablo. El diablo tiene poder sobre nosotros sólo a través de los deseos en nuestra carne, y Jesús en los días de su carne llevó todos estos deseos a la muerte, así destruyó al diablo. Desde que recibió parte de la misma carne, esta muerte nos fue atribuida – este es el don de la justicia.

Verdadera gracia

Porque en cuanto murió [Jesús], al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así que ahora podemos despojarnos de nuestro viejo hombre, y en el momento de la tentación considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús (verso 11). Cuando seguimos el ejemplo de Jesús, comenzamos a vivir una vida en victoria y transformación como cristianos: ya no vivimos nosotros, sino es Cristo quien vive en nosotros (Gálatas 2,20). Ahora estamos bajo la gracia y tenemos el poder para hacer morir los deseos de la carne (Colosenses 3,5). De este modo llevamos consigo la muerte de Jesús en nuestro cuerpo, de modo que también la vida de Jesús pueda manifestarse en nuestro cuerpo mortal. (2 Corintios 4,10). Poco a poco comenzamos a vivir y reinar a través de Jesucristo.

Ésta es la verdadera gracia de Dios. 1 Pedro 5,12.