¿He pecado?

¿He pecado?

Publicado: lunes, 19 de julio de 2010

Sé que he pecado cuando mi conciencia me lo recuerda, cuando he transgredido la ley, o cuando El Espíritu Santo me muestra la verdad sobre mí mismo.

Es posible obtener perdón por el pecado que he cometido. Sin embargo, después que el pecado ha sido perdonado, mi meta como cristiano es tener victoria y ser plenamente libre de este, así que ya no necesito ser más un esclavo de mis pasiones y deseos. ¡Esta es una verdadera vida cristiana!

Mi conciencia – ¿He pecado?

Todas las personas tienen una conciencia, el conocimiento del bien y el mal. Esta «voz interior» es la que me avisa con anticipación si una acción es correcta o incorrecta, y también la que me recuerda que lo que he hecho está mal.
Sin embargo, debido a que nuestro conocimiento sobre lo bueno y lo malo está formado por nuestro entorno, cultura, educación y personalidad, es que todos tienen una conciencia que reacciona de forma diferente en las distintas situaciones. Por esta razón, la conciencia no se puede utilizar para tener «la última palabra».

Transgresión de la ley

En el antiguo pacto, Dios les dio leyes y mandamientos a las personas para que vivieran una vida recta. La transgresión de la ley es pecado, y la ley me puede decir si he pecado. Si conozco la ley, entonces mi conciencia también me dejará saber sobre eventuales transgresiones.

Al respetar los mandamientos del Antiguo Pacto, la gente podía vivir una vida ejemplar en lo exterior, ya que los mandamientos podían revelar los pecados externos como acciones y palabras, y castigar a aquellos que transgredían la ley. Sin embargo, no podía tocar lo interno, la vida oculta que nadie ve, los motivos y pensamientos detrás de cada palabra y acción.

El Espíritu Santo y la esperanza en el Nuevo Pacto

En el Nuevo Pacto, la ley no está escrita solamente con tinta, sino, por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré. Hebreos 8, 10. Esta son las leyes del Espíritu de la Vida. El Espíritu Santo es quien me recuerda y enseña la voluntad de Dios, inclusive cuando se trata de la vida interior.

El Espíritu Santo también es llamado el Espíritu de la Verdad, y es quien me muestra la verdad sobre mí mismo, incluso en un grado mayor que la ley o la conciencia pueden hacer.

Otro nombre que recibe el Espíritu es el Ayudador. La misión principal de Espíritu no es informarme después que he pecado, sino ayudarme a no pecar.

A través de la obediencia al Espíritu, puedo llegar a una plena consciencia del pecado en mi naturaleza antes de cometer pecado. Puedo vencer el pecado de la misma forma que Jesús, nuestro precursor, hizo cuando estuvo aquí en la tierra.