Llamados a la libertad del pecado

Llamados a la libertad del pecado

Escrito por: Kåre J. Smith | Publicado: martes, 12 de julio de 2016

Nuestro llamado como discípulos de Jesús es vivir una vida en victoria, un vida en la que uno vive y reina sobre el pecado. (Rom. 5,17)

Al que venciere!

Jesús quiere que seamos semejantes a Él, y que todos aquellos que mirando a cara descubierta la gloria del Señor sean transformados en la misma imagen (2 Cor. 3, 18) La gloria de Jesús es su vida; una vida en victoria sobre el pecado. De esta manera uno se conforma siervo de Dios y una columna en el templo de Dios. Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. Apocalipsis 3,12.

Las promesas son para el que venciere

¡Al que venciere! Son los vencedores los que Jesús busca cuando escribe a los ángeles de las siete iglesias en Asia. Las promesas son para el que venciere. La fuerza para vivir una vida en victoria se encuentra en el Espíritu Santo, el cual Dios da a todos aquellos que le obedecen. (Hechos 5, 32)

Una salvación más profunda 

Por la obediencia a las obras del Espíritu Santo en nuestro corazón, recibimos fuerza para negarnos a las pasiones y deseos pecaminosos que habitan en nuestro cuerpo. Jesús abrió el camino para una vida en victoria y en triunfo sobre el pecado. Pablo estaba tan asido de esta vida, que practicamente daba gritos: ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Romanos 6,1-2.

La salvación que se nos anuncia a través del evangelio, va mucho más allá de la común comprensión de la salvación, que para la mayoría sólo comprende el perdón de pecados.  A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas. (1. Pedro 1,8-9)

Jesús abrió el camino para una vida en victoria y en triunfo sobre el pecado

Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción. Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree. Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis, si alguien os la contare. Hechos 13,36-41.

Ser parte de la propia naturaleza de Dios – ¿es posible para mí?

La obra que Dios hace en sus discípulos conduce al que cree a recibir parte de la propia naturaleza de Dios. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. 2 Pedro 1,3-4.

El evangelio no pone límites de las cosas que puedes lograr en la vida

Dios te fortalecerá poderosamente, tú quien sientes que Dios obra en tú interior para ser un discípulo de todo corazón. El evangelio no pone límites de las cosas que puedes lograr en la vida. Piensa recibir parte de la propia naturaleza de Dios, ¡de su misericordia, amor, justicia y bondad!

Esta vida de gloria es para sus discípulos. Si tú oyes su llamado, no endurezcas tu corazón, sino vuélvete a Dios y renuncia tu vida en este mundo. ¡Entonces encontrarás comunión y hermandad con otros hermanos y hermanas que anhelan y se desarrollan en esta misma vida!

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Mateo 5,6.


Extracto del artículo «Sé un discípulo – ¡una vida en victoria!»
septiembre 2006
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