Expectativas de un hijo

Expectativas de un hijo

Escrito por: Arild Tombre | Publicado: viernes, 15 de abril de 2016

Cuando un niño viene al mundo, acostumbramos como congregación bendecirlos en la iglesia. Cuando nos encontramos allí con él en nuestros brazos, sabemos que muchas experiencias le esperan en el curso de su vida.

Los niños tienen muchas expectativas. Sabemos que en este mundo ellos encontrarán decepción, desilusión y dolor. Pero nosotros que participamos en bendecirlos, ¿vamos a estar entre ellos que decepcionan y lastiman? ¡La respuesta es un rotundo no, no!

Pero mis hermanos me traicionaron como un torrente, leemos en Job capitulo 6 verso 15. Y en los versos 18-20: Se apartan de la senda de su rumbo, van menguando, y se pierden. Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Sabá esperaron en ellas; pero fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.

¡Piense en todas las caravanas, y en los caminantes! Todos defraudados. De hecho, perecieron ya que fueron en busca de agua y no la encontraron. El arroyo se había secado
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Anhelo de atención

Si, es fácil imaginarse toda la «caravana» de niños, niños llenos de esperanza que anhelan amor, ternura, comprensión y que buscan un ejemplo a seguir. ¿Donde encontrarán tales ejemplos si no es entre nosotros que queremos ser discípulos de Jesucristo y vivir fielmente aquí en la tierra? Aquí todos tenemos gran responsabilidad. Amemos y sirvamos a Dios de tal manera que nuestro arroyo tengan agua todo el tiempo, torrentes de bendición. No defraudemos. No desilusionemos. Que el amor entre los conyugues, entre padre y madre, creen un oasis en el hogar, donde aquellos que solicitan amparo no sean desilusionados ni avergonzados. De igual manera en la iglesia.

Ayude a su hijo

Una vez alguien escribió una exhortación a los padres así: A través de un hijo, Dios se entrega a usted, para que usted de esta forma se entregue a Él. De la forma que usted trata a su hijo, así trata a su Dios... Ayude a su hijo en la lucha por la vida, ya que años de sufrimiento por un descuido y negligencia inicial rara vez se pueden reparar.

Piense en la confusión que se crea en el corazón de un niño cuando una vez que se le ha instruido en la vida y conducta Cristiana, se da cuenta que en su entorno y la vida real, no está acorde con lo que él aprendió. Estimado amigo, ¡que nuestros arroyos estén siempre llenos de agua viva!
 

¹ Wettterlund, N.P., «Ditt Barn», Skjulte Skatter, januar 1931